Ácrata y Banquero
Ficciones, alegorías y otras incomodidades.
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La fortuna del olvido


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La autoregulación de sistemas.

La existencia humana exige una serie de microdramas y de situaciones que obligan a experimentar frustaciones que en momentos especificos ocupan todo tipo de pensamiento o de sensación. Dichos microdramas, dichas situaciones se enmarcan en un espacio sincronizado. De una forma tan precisa y exacta que una vez la situación es sacada de su contexto espacio/tiempo es irrisoria, en la mayoría de los casos -siempre existe la posibilidad de conservar el contexto enajenando su naturaleza, entiendase extrapolarlo a otra dimensión, una situación traumática, por ejemplo-. Suerte del humano poder cambiar de contextos y por ende de dramas, que a medida que se avanza sobre estos -los contextos- se vuelven infímos, mínimos, se microdramatizan, se abandonan a la suerte del olvido. Cada día trae sus propias prisas.

Una forma más sencilla y coloquial de entender dicha suerte es de la mano de innumerables ejemplos que se acomodan a la experiencia de cada individuo. Las tablas de multiplicar, amarrarse los zapatos, el buen uso de los cubiertos, los modales, las tareas del colegio, étcetera. Si se entiende lo que tienen estas actividades en común se llega a la siguiente apreciación: cuando se es un niño y se desconoce la forma adecuada de anudar los cordones de los zapatos, o tal vez cuándo en la escuela la maestra le pregunta por el resultado de 7x7 seguramente el niño envuelto en su contexto -su inmadurez emocional, su necesidad de aceptación, su desconocimiento de los lineamientos de un mundo que no ha experimentado- hacen que esta experiencia sea una tortura. Definen por un instante la existencia del niño. Cuando se olvida la tarea en la primaria, la tensión y el estrés son tan densos que inevitablmente llevan al niño a una situación de pánico. La suerte está en poder recorrer estos contextos y olvidarlos. Muy seguramente cada individuo podrá describir especificamente una situación en su infancia en la que algo que hoy es un absurdo dado su contexto, fue una tragedia que merece la pena ser recordada, con esfuerzo. En el día a día, habrá olvidado lo díficil que resultaba sumar números de 3 dígitos, lo olvidará porque esto pertenece a otro sistema aprendido, interiorizado y olvidado.

La fortuna está ahí. Pocos recordarán su mundo antes de aprender a leer, o antes de aprender a escribir, es casi que inconcebible una naturaleza ajena a la lengua materna, si se quiere -¿en qué idioma, qué gramática o qué formato está definida la voz en off mental antes de estar en capacidad de articular una frase en castellano?-.Pero todo esto, a su vez estuvo envuelto en un drama mientras se incorporaba. Para desglosar la idea: cada contexto tiene su propio sistema de valores -aquello que define la felicidad o infelicidad del individuo- que va evolucionando de la mano del individuo, adaptandose a cada situación, es decir que puntualmente se podría identificar un sistema de valores con un espacio y una temporalidad. Los globos no emocionan a un padre tanto como a su hijo. Una calificación excelente no significa nada para un niño en el jardín.

Ahora bien, elevando el asunto de lo incorporado, y recordando el anudado de los cordones, el gerente de una compañía vive un drama cuando experimenta una situación que en su sistema de valores es desafortunado, inviable, negativo. Pero ignora por completo que cuando se levantó en la mañana anudó sus zapatos con una destreza inconsciente de años de práctica. Su sistema evolucionó. Las tablas de multiplicar no le asustan como si lo hace un estado financiero desfavorable. El drama será el mismo, el motivo no.

Termina entonces siendo una completa fortuna poder hacer inconcientes lo que ayer fueron dramas. Pero el sistema de valores exige ignorar unos y aumentar otros. Siempre existirán los dramas y las felicidades, y cada sistema de valores lo codificará de acuerdo al contexto al que corresponde. Así para el individuo, para la sociedad y para la humanidad. Ayer eran bárbaros. Hoy son terroristas.