
Escrita el 13 de octubre de 2011 a las 04:30 am.
Te mando el siete. Quizá porque la cobardía me robe de las manos el ocho y el nueve. A lo mejor se trate de esta historia borrosa donde en vez de un cuatro hay un cinco y en lugar de un cinco un seis. Es que con tanto ir y venir preferiría quedarme sentado afuera escuchando como llueve adentro. Quisiera no sentir que quemo el tiempo mientras tu exhalar me quiebra el silencio. Acostado a tu lado pero visitando galaxias infnitamente distantes. Insisto, quisiera dejarte aquí y correr a unos brazos que me sepan abrazar con fuerza. Apenas para ser rídiculo y sentir que no me quieren dejar ir. Pero igual me iré. Más de ti.
La firmeza de tus labios se fractura en tu cuerpo. Se aleja como el fantasma de una sonrisa que se fue para el cielo. Como lo que sentí por ti. Casi como si se tratara de un vestido de cristal que se empezó a fisurar y ahora no puedo ignorar como se va haciendo pedazos, mientras tratamos de seguir el ritmo de este vals. Pero el tren se nos va, se nos fue. Ya no es lo que fue antes.
Como si existiera cosa semejante para lo que siento y tu me lo dejas tan suelto. Atando cabos que se secarán en la orilla. No sé como terminé siendo un náufrago. Aferrado a un tronco flotando. Deseando un beso que no me darás. Deseando no aterrizar sobre esa piel que no me niegas. Pero da igual. En 2 horas será suficiente.