
Lectura furiosa: lo que me pasó después de leer 36 libros en un año
Nada. En teoría. Nada como esas cosas rimbombantes que cuentan aquellos que comparten su experiencia de cuando dejan de consumir nicotina, alcohol, azúcar o café. Yo no perdí peso, la comida me sabe igual de bien que siempre, la gente me sigue pareciendo aburrida, me siento eternamente solo y Maria Victoria, mi novia, aún piensa que soy insoportablemente introspectivo.
Capaz por eso decidí leer con tanta furia, porque si hubiera dejado de hacer algo con furia o empezado a hacerlo, no habría podido sostenerlo en el tiempo. Además, hoy por hoy, en un mundo en donde la capacidad de atención dura segundos, ¿quién se gastaría en concentrarse en algo que en el mejor de los casos dura 6 horas? El defensor de las causas perdidas, como diría mi padre. Yo. Este es uno más de mis actos rebeldes, papá —ahora que lo pienso, algún día podría escribir algo sobre mi relación con la rebeldía.

El año pasado decidí que iba a leer más, me propuse inicialmente leer 12 libros en el año; la idea de leer un libro al mes me parecía posible. Empecé leyendo una novela que terminé la segunda semana de enero, sorprendido por la eficiencia de mi lectura tomé un libro de discursos que tenía sobre la mesa de café y para cuando hice cuentas al final del año, había leído sobre drogas, política, filosofía, poesía, historia y matemáticas. Si hiciera una lista de aquello que aprendí, sería más o menos así:
- Si me presiono para descubrir en mí las enseñanzas que me ha dejado la lectura más allá de la ortografía y las citas para mencionar en los cocktails en la casa del embajador, descubro algo que nunca antes había hecho y que ahora me sorprende cada vez que siento el poderoso impulso de realizarlo: cuando entro en una casa, me dirijo a aquel lugar donde duermen los libros y los analizo uno por uno. Cuáles he leído, cuáles tengo en mi lista de pendientes, cuáles considero autentica basura pero por sobre todas las cosas ¿qué libros y/o autores se han escapado de la inclemencia de mi lectura furiosa?. Claramente a algunos dueños de casa los toma por sorpresa mi capacidad de obnubilarme ante su modesta —o impresionante— colección de libros, pero ahí aparece Maria Victoria que se encarga de explicar con palabras más o menos que yo soy el padre de la lectura furiosa.
- También descubrí que siento un profundo respeto por mis colegas de lucha. Es decir, antes —de empezar la lectura furiosa— cuando alguien me decía que leía no me causaba ninguna sorpresa. Pero desde que empecé a leer furiosamente, cada vez que me encuentro con alguien que lleva un libro o se acerca a comentarme de algún texto que le agradó, es un evento, siento un profundo respeto porque considero que estamos entre partidarios de la misma causa. Que a pesar de esa sensación de soledad eterna que me inunda, existen personas allá afuera con las que tengo cosas en común, cosas de convicción, porque cualquiera diría que todos tenemos dos ojos, aunque algunos tengan uno o directamente no tengan.
- Subí de peso. Pero no porque haya dejado de hacer actividad física por leer; si no porque disfruto mucho acompañar una novela rápida con una larga copa de vino. O porque después de devorar una tragedia hay que embotar el paladar y el alma saboreando comida sabrosa y café amargo.
- Descubrí también, que la lectura es como una conversación con un espejo. El libro es un conjunto de pensamientos e instrucciones que se apoderan momentáneamente de la mente y la llevan a un universo que se plasma de acuerdo a aquel que lo lee. Por ende, cuando se reviven esos pensamientos y se recrean aquellos paisajes, lo que se disfruta es lo que se hace con uno mismo, mientras se deja llevar con las ideas de otro. Casi como una danza incorpórea y etérea.
- Descubrí que me gusta leer acostado y a oscuras, con una lamparita que ilumine las palabras y no más ni menos.
- Aprendí que no existen formas exactas de escribir; que no hay recetas ni fórmulas mágicas. Que cada quién escribe como mejor le indica el alma y que es el equivalente a las huellas dactilares que quedan sobre las esculturas o las pinceladas sobre los cuadros.
- Me solté con mi propia escritura, porque después de leer tantas cosas buenas y no tan buenas, se aprende a valorar aquello que es propio y único; tanto que es personal.
- Me cuesta mucho recomendar un libro. Cuando alguno de mis amigos desea unirse a la lectura furiosa y me pide que le recomiende un libro, entro en pánico. No sé que decirle, hasta el punto que preferiría no recomendarle ninguno. Esto es porque retomando la danza eterea, es muy dificil saber que pieza podría llegarle de verdad al alma; cada lector furioso tiene que labrarse su camino. Habrán lecturas insoportables ¡claro que las habrá, no en vano es una lucha! Pero ahí radica la furia; es un espiritu imparable. Por ende, esa furia ha de empezar con la decisión personal de leer. Leer lo que se quiera; pero leer. Leer furiosamente.
- No sé bien donde empiezo yo y donde terminan los autores. Después de meditar varias horas con las ideas de otra persona, uno establece una silenciosa comunión. Crea vínculos y eleva muros con las ideas que fue sintetizando en la lectura. Cuando se cierra un libro, no se es la misma persona que lo abrió. Por eso la lectura furiosa es un camino para valientes. Yo tengo la teoría de que cuando se viaja -así sea a los rincones de la imaginación- el mayor riesgo no es el viaje en sí mismo, si no la persona en la que uno se convertirá en el viaje. Lo mismo pasa aquí ¿quién seré después del libro que estoy leyendo?
- Tengo mucho tiempo para leer además de trabajar 8 horas al día 5 días a la semana. He descubierto que a pesar de ser asalariado, tomar colectivo, vivir en pareja en un diminuto departamento, los tiempos muertos son oro puro para la revolución de las causas perdidas, así que difícilmente acepto cuando mis amigos me dicen que no tienen tiempo para leer.
- No se me dificulta hablar con desconocidos; porque en los libros me he encontrado tantos, que ya no me sorprenden.
Bueno, creo que c’est tout. Si se me ocurre algo más, vuelvo y les cuento.
A propósito, ¿qué están leyendo?
