Aquí entro yo
Hola, soy ácrata, ateo, autoritario, profundamente desinformado y orgulloso de todo lo anterior. Respecto a este cuestionamiento, pensar que el periodista es culpable es quizá otorgarle mucha importancia a la tarea que ejerce. Esto porque en mi caso sé que existen periodistas geniales -va, me imagino que debe haberlos- pero me tiene sin ningún interés escuchar qué tienen por decir. En mi caso, que no tengo TV en casa dada mi violenta intolerancia a la publicidad y uso internet para trabajar -y escribir en esta plataforma. Sé también de una nación entera -en la que vivo actualmente- que un día se sintió terriblemente manipulada por los medios durante una guerra y se decidió implícitamente no volver a creerles una sola palabra. Y así sucesivamente.
Retomando mi planteamiento, así los periodistas fueran tipos geniales, eso no hace que la gente esté interesada en cosas que difícilmente comprenden. Admitamos que este mundo es muy complejo como para estar al tanto de todo y comprender cada sección del diario. No me gusta caer en la idea victimista de pobres los ciudadanos desinformados. A mi parecer, están muy informados respecto a lo que les interesa. En mi experiencia estar desconectado del mundo noticioso no me impide en lo más mínimo tener conversaciones relativamente decentes en un bar o en un cóctel. Porque seamos francos, conversaciones superficiales del tipo “que jodida que está la economía” no requieren de una fuente fiable y verídica respecto a la emisión de bonos para la deuda pública. Basta con sentir que el presidente es un completo imbécil para querer asumir que tiene hasta la culpa de la lluvia. Vuelvo sobre el ciudadano. En mi opinión el mundo de la información no debería sentirse llamado a presionar al ciudadano, es este el que lo premia con su atención -tan escasa en estos días- según su utilidad. ¿A qué voy con esto? Que hay que ser consciente de que la información no es un newsfeed, un tweet o un post. Para estar informado hay que remangarse; hay que empezar por estar educado; porque si la opinión depende del periodista, que en este caso por salir del caso dice cualquier cosa y rellena los vacíos hipotéticos, ojalá dios en el que no creo nos libre…
Pensemos por ejemplo en el famoso Yo acuso de Emile Zolá. El caso Dreyfus en el ejército francés. En mi humilde e ignorante opinión, con los planteamientos que hace el autor se puede comprender perfectamente y sin intermediarios la discriminación de la que son víctimas los musulmanes hoy en día -en este mismo instante. Sin leer un diario y nada más escuchando los comentarios de las personas en el metro camino a casa después del trabajo. Ahora bien, si Emile Zola hubiera sido contemporáneo nuestro sólo habría tenido tiempo en la TV para decir “Yo acuso!” y un tweet afirmando lo mismo. Con toda la furia habría hecho un post kilométrico -ojalá no tanto como esta respuesta- al que la gente le habría dado like y ¿adivina qué?. El mundo seguiría exactamente igual. ¿Porqué? Porque a la gente le importa nada lo que no tenga que ver con ellos. Porque es más fácil incorporar una opinión que desarrollarla. Porque si.
En el fondo siempre será pan y circo; pero el pan que ganen y el circo que les digan es el suyo. Pero no porque los periodistas no lo intenten, eso es mucho decir.
Considero que sería distinto si fuese una conversación, pero para una conversación hay que querer preguntar y querer responder, es activa y bidireccional. Por eso estamos aquí escribiéndonos y leyendo. Porque esa forma de periodismo, del yo investigo y te cuento, está destinada a desaparecer. Ahora vale mucho más la información entre pares. Seamos realistas, no existe la objetividad. Pero si puedo controlar con que sujetos me relaciono, bueno, la subjetividad será al menos más clara.
C’est tout.