Ácrata y Banquero
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¿Cómo será el mundo cuando nuestras profesiones sean algo descabellado?


¿Cómo será el mundo cuando nuestras profesiones sean algo descabellado?

Hay una perspectiva según la cual, el humano es una flecha que se lanza desde lo animal hacia la técnica. Es decir que partimos de una base primaria y nos vamos elevando hacia la tecnificación; la tecnología. El dilema que plantea la tecnificación es que nos obliga a arrancar de nosotros lo animal. Esto se lo copié a Agambent o Esposito. ¡Ojalá a mi se me ocurriera algo así!

Y no es otra cosa que lo que vos decís, pero con otras palabras, con otros detalles. Entonces estoy totalmente de acuerdo con que se avanzará sobre esta etapa, pero incorporada, digerida. Me parece que en justa medida, estos fenómenos sociales que se desprenden de cada forma de innovación — que serán cada vez más profundos y complicados — son en gran parte una reacción que se origina en los lugares comunes.

Coincido también en que tenemos más generación y consumo de información que nunca antes. Por lo mismo la educación y la información crean un ciclo muy difícil de seguir. Porque cada una se puede expresar en términos de la otra. Desde mi perspectiva, la educación es información sintetizada. Así mismo, aquello que se entiende por información; es decir, lo que es fáctico y relevante, gira alrededor de categorías sociales. Esas categorías se perpetúan por la educación. O sea que en el fondo, información y educación son lo mismo.

No existen los hechos, existen las interpretaciones.
F. Nietszche

Antes la gente era diestra porque usaba el escudo con la siniestra para proteger el corazón. Haciendo de la diestra, precisamente la diestra, la más hábil y entrenada. Ser zurdo era visto como algo negativo, un mal augurio. Aquel que usaba la espada con la mano izquierda, moría joven. Así que la población de zurdos era muy baja. Una vez inventada la pólvora, esta característica dejó de ser relevante y la mano izquierda dejó de ser considerada de mala suerte. Siempre y cuando no se hable de política, pero eso ya es otra historia.

Antes existían los angelologos. Que eran profesionales -bueno, usar este término es anacrónico- en el estudio de los ángeles. Dedicaban su vida a responder preguntas como ¿cuántas alas tendrá un ángel? ¿Tiene rostro? ¿Ombligo?. En su momento, esto era la vanguardia. Esto era hacer historia y de hecho, lo fue. Fue necesario concebirlo, incorporarlo y olvidarlo.

Con olvidarlo no me refiero a negar su existencia. Me refiero a la ausencia en el día a día; a ignorar su existencia. Así que en definitiva, aquello que pierde su espacio en la cotidianidad, me parece a mí, termina por ser digerido y por ende silenciado e incorporado. Sintetizado.

Siendo así, en un mundo hiperconectado de tiempo y estímulos infinitos -en apariencia- lo que se vuelve finito y valioso, por ser escaso, es la atención. Todo lo que no sea premiado con ella, está condenado a desparecer.

Pero la atención me parece que tiene una naturaleza interactiva. Por ejemplo la atención — tiempo, esfuerzo, concentración, reflexión — que le hemos dedicado a estas líneas corresponde a un interés personal que se conecta con uno externo. Una correspondencia. De forma análoga, cada persona en su cotidianidad distribuye su atención en lo que considera es algo que le va a llevar de un punto A a un punto B y que en sus propios términos, será un desplazamiento positivo y que se corresponde de forma externa con sus proyecciones internas. Como me pasa a mí cuando leo un artículo y siento que el opinar me beneficiará.

Ahora bien, dado que yo parto de la premisa de que cada quién vela por sus intereses tanto de forma activa como pasiva, me parece que la desinformación no va en contravía de las personas. Porque están desinformadas no porque no puedan estar informadas; sino porque no están interesadas en ello. Están desinformadas porque desean estarlo; porque no se educan. Esto porque considero a la educación como una llama que enciende y no como un vaso que se llena; así que la educación en una escuela o universidad es una parte de la interacción; pero no es en sí misma la educación. La otra parte está en el que la recibe y decide con ella hacer millones, escribir líneas o no hacer francamente nada — quizá sí, un like o un post. Pero no es que no pueda, es que no se quiere y ahí no se puede entrar. Es una decisión y como tal, profundamente respetable. Porque podríamos caer en la omnipresencia evangelicadora de los testigos de Jehová. Contra los que no tengo nada, aclaro.

Postdata: Encontré este espectacular artículo que podría servir para tener otro punto de vista. No lo he leído aún, pero pinta muy bien. Después te dejaré saber mi opinión al respecto. Si estás de acuerdo.