Ácrata y Banquero
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Romper la bifurcación


Romper la bifurcación

Antes de que fuera un camino, fue un problema.

Está la opción A o la opción B para solucionar un problema. La desventaja es que ninguna de la dos crea una nueva realidad. Cuando existen alternativas evidentes, quiere decir que la realidad misma las contiene dentro de sí; porque la realidad al igual de los sistemas, se genera a partir de la interacción de los individuos. Pregúntele a Mandela, Martin Luther King y todo el que quiera. Por eso es que la palabra utopía se vuelve importante. Porque es bastante limitado apuntar a objetivos que sabemos naturales; nada sacado del sombrero o la manga. Es como si misionalmente nos ubicáramos en una monotonía existencial de la cual no podemos escapar; por el simple hecho de que siempre asumiremos A o B. Y sabemos qué es A y que es B. Pero no sabemos qué son, todas aquellas que no conocemos, por el simple hecho que no las hemos concebido, ni siquiera tímidamente en un pensamiento; o menos aún con la etiqueta de Utopía.

Para nuestra sociedad existe una mala noticia; todo está cambiando rápidamente. Pero así mismo existe una buena noticia: Todo está cambiando rápidamente. El quid del asunto no está en lamentarse porque lo de hoy ya no es como era antes; sino al contrario, entender que ello como significa problemas, significa ventajas. Es como pescar en río revuelto. Uno puede ser parte del frenesí, o simplemente ser un espectador agudo y capturar su presa. Ser un pescado o un pescador.

Entonces en medio de este mundo convulsionado, hiperinformado, hiperconectado y volátil, lo que queda es decidir las opciones C, D, E… Que abrirán el camino para un nuevo mundo. Esto no se trata de armar un movimiento politico, ni una guerrilla. Se trata de que cada quién asuma su propia responsabilidad y establezca su opción C. Y que asuma, que esta opción C es la única opción real que existe. Por las otras, las evidentes, naturales y obvias, no son propias si no que son fruto del status quo.

La realidad es algo que se interpreta. Y dicha interpretación se puede manipular con toda la facilidad del mundo; porque la realidad es una cosa amorfa que está sujeta a la forma en la que se interpreta. La realidad es democrática, la ilusión aristocrática (diría el buen Baudrillard).

Entonces si pudiéramos plagar el mundo de ilusiones (no es una locura, piense en su billetera, está llena de papelitos que no puede comer pero seguramente le hacen muy feliz) podríamos cambiar el mundo (así como lo hizo google, por ejemplo). Estaría buenísimo poder crear un mundo nuevo a partir de que cada quién decida hacerse cargo de si mismo y se anime a crear sus propias opciones y desestabilizar la previsibilidad de las variables que ya componen el panorama actual. El mundo lo hacemos todos. A menos que decidamos dejar que nos sea impuesto, que también es una decisión de cada uno.

Yo le apunto a que cada quien siga su propia voz y su instinto. Que se arriesgue a salir al ruedo y poder escribir en la novela de su vida, que se atrevió a rasguñar el muro de la existencia.