Ácrata y Banquero
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¿El huevo o la gallina?


¿El huevo o la gallina?

Este frío se combina bien con el silencio que se cuela hasta por lo cajones. A mí me perturba un poco lo de Faciolince, eso de no ser un cagatintas. Pero en seguida pienso en lo que afirmó tiempo después cuando le preguntaron que cual era una razón para leer sus escritos, decía con voz grave que no tenía ninguna, porque él era un escritor y no un vendedor de libros. De ahí que yo me plantee que el cagatintas que él nombra está definido a través de sus ojos de escritor. A través de la finalidad de escribir; es decir, como un fin en sí mismo. Cosa que no me pasa a mí. Yo soy como un lobo solitario, voy por ahí lanzando aullidos de vez en cuando y huyendo de los humanos que con mucha frecuencia me abruman. Para mí esto de las letras es un medio, no un fin. Un medio que me permite simplemente escuchar la voz inquieta que está dentro de mí. No tiene por qué ser sabia ni sensata. Hasta podría pensarse que no tiene por qué ser algo en sí mismo. Un neurólogo me podría decir que simplemente se trata de la proyección de la conjugación de distintos químicos que de vez en cuando se desequilibran. Un psiquiatra podría decir es un trauma que me gané por no hablar hasta los 12 años. La opinión del psicoanálisis sería que son mis instintos primarios oprimidos por mi alter ego y muchas cosas más. Pero nada de eso me convence mucho; a mí me parece que de verdad verdad, el único concepto que podría ajustarse a ese murmullo incesante es el mío. Por el simple hecho de que soy yo quien convive con el tipejo este que se pasma en un ascensor. Que detesta ir a hacer compras, o las filas del banco. Que tiene mil teorías inútiles. O como diría mi papá, el eterno defensor de las causas perdidas.

De ahí es que sale la conversación esta. La motivación que está detrás de ponerme a juntar palabritas para ver si logro entender a través de esa construcción literal, entender un poco lo que pasa adentro. No como Faciolince, que es un genio y entiende todo por dentro y juega a confundir afuera. Yo no soy así. Soy más bien tonto y juego con estos pequeños espejos para ver si la totalidad de los reflejos me deja ver ese algo que yo no termino por entender. Si alguien lee esto será un azar de la vida. Como cuando uno lee los componentes de la pasta dental o del champú (champoo/shampú/shampoo… en fin).

Mi planteamiento es que si canalizo el murmullo, capaz se calme. Y pueda estar tranquilo en el trabajo y en la facultad. Pero ello me obliga a plantearme el tema del huevo o la gallina. ¿Qué se habrá venido primero? ¿La angustia o el murmullo? ¿Serán lo mismo?

El caso es que el murmullo me va diciendo con paulatina seguridad que debería jugar a que me chupe un huevo. Todo. Absolutamente todo. Girar en sentido contrario; ser nihilista por un instante en la vida. Pareciera que para el murmullo, que me está convenciendo, el capítulo de la novela de mi vida se empieza a desenvolver en la figura de un desapego de eso que tanto pesa ahora. Eso suena a irresponsabilidad, pero bien sé que he dado más de mi de lo que he querido. Hasta el punto en el que la preocupación me ha dejado en el hospital en un par de oportunidades. Por lo cual ese planteamiento se puede descartar. Pero habrá que hacerle espacio a otros, más articulados y más sólidos. Cosas que tengan una finalidad; que me lleven a algún Pereira. Cuando sepa a qué Pereira quiero ir.