
Yo me opongo
Como hombre libre diré que me opongo a someterme. Me opongo a que me mastiquen la realidad. No me interesa si consideran que estoy equivocado. No me interesa hacer las cosas como se deberían hacer. Me interesa nada más que encontrar mi verdad. Hacerla con mis propias manos. A mi esa vida prefabricada en comerciales me aburre profundamente. Me opongo a que la realidad me la tenga que procesar un noticiero, como si yo fuera incapaz de comprenderlo.
Me fastidia el sitio de moda. Me fastidia la música precocida. Toda esa parafernalia que nos vomitan sin que terminemos de digerir la anterior. No entendemos nada pero como neófitos hacemos cara de conocedores y nos convencemos de que estamos en la sintonía. No lo estamos; todo nos viene en una caja prefabricada donde no caben nuestros intereses. El mundo está diseñado para mantener las cosas tal y como están. Si nos alineamos con alguno de allá afuera, lo que estamos haciendo es ¡Agradeciéndole por las cadenas! Usamos rieles ingleses, máquinas alemanas, sistemas educativos franceses, aseguradoras holandesas, religiones de ultramar, tarjetas de crédito estadounidenses… Pero si llegáramos a oponernos a adoptar los supuestos adelantos — adelantos para seguir haciendo más de lo mismo con nosotros — , nos amenazan con oscurecer aún más nuestra sombría realidad. La vanguardia somos nosotros que estamos empujando los límites. Decirle al establecimiento que no nos alineamos.
Lo que digo es que el mundo está inclinado lejos de nuestro obligo; somos la periferia que siempre está expectante de la basura que arrojan las potencias para perpetuar su hegemonía. ¿No nos han tirado ya muchos desechos como para seguir mendigando más de su basura? Si no me cree, pregúntese si la historia no gira alrededor del hemisferio norte; ¿ eran las guerras mundiales,¡¿mundiales?! ¿Es que acaso nosotros que no tuvimos absolutamente nada que ver con el imperio Astrohungaro vivimos en otro mundo?
Yo creo en la autogestión; pero para empezar a gestionarse hay que definir el auto. ¿Quiénes somos? ¿Quiénes nos dijeron que somos? ¿Quiénes nos han dejado ser? Esas preguntas habrá que responderlas una y otra vez. Cuando podamos comprender como hemos sido sometido por las potencias y por sus colaboradores locales, podremos entonces hacer algo con lo que han hecho de nosotros.
Pero para eso hay que estar muy atentos, un vistazo rápido dejará ver cómo hemos sido nosotros mismos los que les hemos abierto las puertas a los opresores — con opresión me refiero al colonialismo intelectual que derrama su influencia en las industrias — a través de nuestros dirigentes arrodillados. Es una constante andar regalando la dignidad en cada organismo internacional que nos amenaza con sanciones si no jugamos bajo sus reglas, que curiosamente se comportan como sanciones perpetuas para nosotros, los pobres del barrio.
Hay que empezar por definirnos a nosotros mismos; dejar de mirar el otro lado del charco y tomar consciencia de lo que pasa aquí. Dejar de desmembrarnos por diferencias que a la postre no son nuestras si no que también son impuestas — los ingleses son muy buenos haciendo esto, pregúnteselo a Palestina e Israel o la Rwanda.
Hemos pagado mucho por llegar a este punto; ha habido mucha sangre corriendo debajo de este puente como para que hagamos caso omiso al verdadero espíritu de la libertad. Pero no esa libertad fantoche de los mercados; la libertad de ser lo que se nos cante ser. ¡Por lo pronto somos un manojo de países en vías de desarrollo! ¿Cuándo carajos decidimos que queríamos ser el botadero del mundo!? ¿Cuándo decidimos que seríamos países de tercera categoría? ¿Porqué carajos le creímos el cuentico ese de que esto es más cercano al infierno? O más bien, ¿porqué nos encargamos de darles la razón cuando decidieron por nosotros?.
Sencillo, porque nadie se opuso. Pero yo — y espero que usted también, así somos al menos dos — me opongo. Y llegará el día en que vengan por estas tierras y podamos decirles sin ningún reparo, bienvenidos Euracas!.