
No hablemos de política. Hablemos de sexo. ¿Vio la culeada que le pegaron a la paz?
Lo siento. Perdóneme por hostigarlo con este tema pero creáme que no pude evitarlo. Yo sé que por estos días sólo se habla de eso y yo no puedo evitar dejar de hacerlo. Quisiera de verdad quitarme la sensación de que esto es algo personal y no lo logro. Me da la impresión de que en el fondo quisiera quitarme la colombianidad. No hablo de la nacionalidad; hablo del sentir colombiano. Hablo de esa nostalgia oxidada que todos los colombianos tenemos acumulada en un rinconcito del corazón. Hablo de quitarme el sinsabor de la boca o del alma. Poder dejar de lado una infancia en blanco y negro y reemplazarla por un futuro más colorido y radiante. Yo sé que explicaciones hay mil, así como interpretaciones. Yo le escribo estas líneas queriendo contarle de la mía.
Para mí lo que se decidía ayer era seguir como perros tratando de morderse la cola o imaginar cómo pudo haber sido mi vida si no hubiera vivido de primera mano la guerra. Mi paz era eso; dedicar cada día ver que tanto se puede retraer el miedo y cuanto conquistar la tranquilidad. A mí me pesa mucho pensar que todo vaya a seguir igual. Porque mientras yo le escribo sé que hay muchos niños que miran las estrellas pensando que es normal verlas en medio del humo de las balas. Como las miraba yo.
Es difícil decir esto pero a mí me pesa saber que hay niños que están creciendo justo como yo crecí. Viviendo una guerra que no entienden. Que les llegó de arriba porque alguien más la eligió por ellos. Yo no sé nada de derecho y respeto mucho los conceptos de los entendidos en el tema. Pero por favor, que nadie me diga que yo no viví la guerra. Que los sepelios de domingo eran mi imaginación. Así como las escaramuzas y los soldados de veinte años que se desangraban. A mí que no me digan que crecer con el miedo de que lo vuelen antes de ir al colegio es una decisión cuerda o que es una decisión por el futuro. Precisamente hoy se fueron mis papás a la casa de un coronel retirado amigo de ellos a acompañarlo a él y a su esposa por que su hijo abogado penalista está desaparecido hace 2 semanas. Hoy es 3 de octubre. El día siguiente al no.
Yo soñaba con que ganara el sí porque quería reconciliarme con mi infancia. Pero pues c’est la vie. Así que cuénteme de su vida. No hablemos de política. Hablemos de sexo. ¿Vio la culeada que le pegaron a la paz?
—Andrés Felipe Redondo Peñaranda