
Ríndase. Todo tipo de resistencia es fútil
Le debía esta nota a la adultez desde hace tiempo. Le di muchas vueltas pero sólo hasta esta tarde lluviosa frente al mar en la que no puedo ignorar los riachuelos que bajan por la calle arrastrando pequeñas hojas que se interponen a su mesurada pero constante furia me sentí preparado para irme lanza en ristre contra el mal llamado establishment, el status quo, mi amigo que vive en el campo y mi propia esposa.
La tecnología es un río conceptual, lleva incorporadas muchas ideas y presenta muchas oportunidades para los que entienden que fluye, así como el olvido para los que se atraviesan en su camino.
La critica a la tecnología se ha convertido en un lugar común, o más bien, la única critica que se le hace en la actualidad a la tecnología no pasa de ser una apreciación escueta y floja. Más de una vez he estado a punto de irme a los golpes —teóricos, obviamente— con profesores, intelectuales, historiadores y vecinos que vaticinan el advenimiento de los jinetes del apocalipsis recurriendo a un escenario que se repite en cualquier idioma, país y sociedad. De vez en cuando hasta se describe la misma situación en diarios de larga tirada —y digitales, lo cual no es un detalle menor— reafirmando su omnipresencia: «[…]La gente se sienta a comer y no hace más que mirar el teléfono ¡que terrible que es la tecnología! ¡Ya ni se hablan cara a cara! […]».
No quiero ahondar en las ventajas de la tecnología, porque el hecho de pretender enumerarlas usando este medio (¿um?) es en sí mismo un despropósito.

La tecnología llegó para quedarse. Afirmar lo contrario es un sin sentido. Pero pretender vivir sin ella en este mundo que nos convoca es ser la rama que se opone al avance del río; la tecnología pasa por encima de vos o te lleva con ella. Es así desde que inventamos la rueda, siempre lo ha sido y no puede ser de otra forma.

Entonces la disyuntiva que se plantea alrededor de la tecnología es errónea. No se trata de si esta es buena o mala. Porque la tecnología no es un ser; no es ni lo uno ni lo otro. Es una herramienta que se puede usar bien o mal. En otras palabras, la tecnología es como un martillo. No es culpa del martillo que yo me aplaste los dedos cuando quiero colgar un cuadro por más de que yo insista en lo contrario. De ahí que el lugar común que se acostumbra adoptar por los reticentes al mundo virtual sea en el fondo una critica a la educación. Prefiero no ahondar en debates educativos porque me parece que es algo de nunca acabar. Eso y porque soy terriblemente maleducado, a juzgar por mis dedos machacados.
Volvamos al comienzo. La disyuntiva se reduce al flujo. Somos parte de la corriente o un obstáculo de la tecnología. Lo que se traduce a ¿estoy de acuerdo hacia donde nos lleva la tecnología?. Esa pregunta es mucho más compleja y sustanciosa. Porque no existe una respuesta cerrada, como pasa con todo lo que es interesante. Para hacer de un cuento largo uno corto, considero que así no se esté de acuerdo, no se puede luchar contra el flujo. La oposición es contradictoria; la resistencia, fútil. Porque ser la roca que interrumpe la corriente sólo es algo temporal. Bien sabido es que por más sólidas que sean las rocas, siempre terminan siendo arena en el mar. Así mismo, en un sentido estrictamente honesto, para oponerse a algo con convicción hay que saber de qué se trata. Entrar en los vericuetos de la tecnología es en últimas, dejarse absorber por ella. Ser en vez de una roca que hunde, una hoja que flota o un pez que nada.

Resuelta la disyuntiva, queda un camino llano que a los contradictores espantaría sin lugar a dudas; la fusión. Bastante se está avanzando en esa dirección. Tanto así que en el caso de que usted no esté leyendo esto en la pantalla de su teléfono, de igual manera este no está más allá del alcance de su mano. No se preocupe que no es nada personal. Hay quienes lo consideran una adicción y hasta inventan tratamientos para controlarla. Pero lo mejor está por venir. De momento se me vienen a la mente los conceptos de realidad aumentada y realidad virtual. Cuyo futuro depende de la reducción del tamaño los dispositivos encomendados para tales fines. No es descabellado ni una genialidad pensar que esos lentes ridículos que se utilizan hoy en día y se promocionan en los centros comerciales del primer y segundo mundo lleguen en un futuro cercano a estar incorporados en la retina. De forma analoga con todo avance en cualquier dirección ad infinitum. Queda notificado.
Querido detractor de la tecnología, ríndase. La resistencia es fútil. La tecnología llegó para quedarse, a diferencia nuestra.