El Aleph de Borges
Para empezar, tengo que admitir que le huí a este cuento. En general le huyo a Borges. Porque he descubierto que es un autor que no se puede conceptualizar. Es vaporoso y amorfo como el humo de un cigarro pero a la vez es líneas firmes, sistemáticas e irreductibles. Esa es mi experiencia con él. Siendo así, cuando me cruzo con cualquiera de sus escritos o incluso entrevistas quedo abrumado. Un hálito cándido inunda la porosidad de mis pensamientos. Es un efecto complejo que se va aligerando con el correr de los días. Al cabo de algún tiempo, empiezan a caer ideas maduras de la siembra Borgiana.
Por eso le tengo mucho respeto a cualquier frase que se haya originado en Borges. Con respeto quiero decir reserva. De ahí que entrarle a uno de sus cuentos o poema más allá de su extensión, no es una decisión que tomo a la ligera. O quizá si y luego tropiezo con su intrincado mundo.
Habiendo hecho esa salvedad y dejando de lado lo contingente, vamos a lo trascendente.
No comprendí nada del texto. No porque sea difícil de entender. Sino por el contrario, tengo la idea del Aleph como concepto. Pero eso me sugiere una paradoja. Por que su naturaleza conceptual es el infinito. Y siendo así, no se puede sintetizar. Pero Borges lo sintetizó en poquísimas líneas de texto. La incertidumbre que tengo respecto a si comprendí el texto surge de la paradoja según la cual el cuento del Aleph por si mismo fuera en alguna medida el Aleph. Porque si yo fuera al lugar donde ocurren los eventos — que por cierto fue a pocas cuadras de mi primer habitáculo en esta ciudad. Bajara al sótano — diciendo obvio, que no derrumbaron la casa — y encontrara al Aleph, seguramente podría ver los orginales del texto de Borges. Seguramente también podría verme a mi mismo viendo el Aleph. Y eso abre una puerta que me agobia cerrar. Es como si uno tratara de descifrar los reflejos entre dos espejos.
Todo lo demás, no me sugiere ninguna suspicacia. Al contrario lo considero relleno almibarado para no atascarse con ese pedazo de pensamiento puro.
Pero del Aleph Aleph, no entendí nada.
Anexo # 1
Corrijo. La serie de eventos infinita que acontecía después de la muerte de Beatriz Viterbo me voló la cabeza. Porque primero me sugiere que Borges no estaba presente cuando la señora falleció. Sino que de alguna manera comprendió el instante mismo cuando ocurrió el deceso. O que en efecto si estuvo presente y esta ocurrió en un lugar publico. Lo segundo que me resulta interesante es esta idea de las series infinitas. Que es algo que encuentro con relativa frecuencia en sus escritos y me atrevo a pensar que es la característica que más me abruma. Esa capacidad matemática de elaborar ideas y conceptos. Esa coherencia y cohesión lógica cuya precisión y delicadeza hace sangrar las sienes. Porque en últimas la vida no es más que un montón de series e hilos que se entrecruzan y afectan n-dimensionalmente. Y así, las ideas de Borges van cayendo maduras — o no- al piso.