Ácrata y Banquero
Ficciones, alegorías y otras incomodidades.
Inicio

Como siempre Lala


Como siempre Lala

Aquí estamos sentados de nuevo. En nuestra comunión a distancia. En el silencio que nos habita y nos une. Contando pétalos de aquella margarita que nos entregaron con los días finitos. Ahora que está tan vivo y radiante. Ahora que lo tenemos en las manos y se deja sonreír por el sol.

¿Qué podría decirte yo? Cuando no tengo certeza de nada, y no puedo siquiera saber si podré durar un par de minutos o decenios más. ¿Qué afirmaciones podría hacer sobre la vida esta que en ti tiene los colores y formas de un jardín de flores?

Sin embargo, más allá de la duda eterna y la perpetua náusea (veáse Sartre) queda en el fondo un hilo que todo lo une. Pasa que esta cosa oscura y turbia con visos dorados y momentos claros de cuando en vez, se puede hacer navegable para un ciego como yo a través de una línea que de la nada aparece para que esto no sea un naufragio si no que al contrario se un eterno intento de tener un poco de luz, de aire.

Verás que la vida no me favoreció con mi perfil grecoromano o con los lingotes de oro que acumulo bajo la cama. Con la astucia de lechuga y la viveza de un perejil. Pero si lo hizo rodeándome de gente como tú. Y créeme que esta pobreza, fealdad y tontera es mucho más llevadera cuando desde aquí me acuerdo de tus risotas y de los panes de chocolate.

De vez en tanto me sorprendo del hermano celoso que resulté siendo. Del tipo impertinente que nota cuando tu mirada descubre uno de sus calculados movimientos en la mitad de la gente. De vez en tanto estoy pensando que capaz yo ni siquiera soy yo si no soy todos, soy tú. Es una cuestión de que en el silencio de mi corazón siento que estamos todos unidos porque somos sólo uno. La gran familia; el mosaico. Somos simplemente una gran cosa que se llama amor. Y tiene muchos pedacitos que lo componen. Un niño aquí una niña allá, un papá aquí una hermana allá.

Amor que a veces se mira así mismo y se contempla con ternura y compasión; utiliza estas manos para que tus ojos lean ese reconocimiento que tiene que hacerse como un ser vivo; como un corazón que late. Ese latido y esas palabras que hoy se hilan una tras otra (quizá inconexas ahora, capaz que en un tiempo maduren) sólo quieren decir que yo (como parte del amor ese) estoy profundamente conmovido (lágrimas escurren) de poderte decir que te amo y que mi vida no sería lo mismo sin los colores de tu mirada y tu sonrisa. Que eres la hermana que nunca tuve y que la vida me puso en el camino. Que no tengo para ti nada más que mis mejores deseos. Que me haces falta como compinche. Que necesito que repruebes mi accionar. Que hoy te extraño pero ya estaré abrazándote como si nunca nos hubiéramos separado. Que feliz cumple y la pases bonito.