
La oscura noche de Felipe
Está en la cancha jugando fútbol en una noche seca. Juega con sus vecinos, esta vez va ganando y eso es una novedad. Diego le pasa la pelota, él se concentra en el ángulo superior derecho y falla. La pelota rebota y se aleja hacia la esquina oscura donde se acumula el agua, él va por ella. Cuando la logra sacar del charco sin mojarse escucha un estallido. Luego otro y otro más. Mientras trata de entender qué pasa suena una alarma. La alarma. Se queda petrificado una vez comprende lo que ello significa. Mira hacia atrás y sus amigos han empezado a correr buscando refugio, en el fondo se desata un intercambio de fusilería pesada. Él siente que está en el fin del mundo y que no llegará a casa antes de que los chulos caigan en picada sobre él. Ve hombres armados corriendo por todas partes, son de los suyos, los buenos. Un soldado se enreda una canana sobre los hombros mientras le grita que se largue, que están en alerta 5. En seguida se escuchan las aspas de los helicopteros tomando velocidad y adentrandose en el cielo oscuro enmarañado. Un helicoptero fantasma lanza bengalas para iluminar toda la zona y deja ver que en el bosque detrás de la cancha de fútbol vienen centenas de hombres bigotudos corriendo. Tienen botas de caucho, como es de esperarse. Porque es la guerrilla la que se está tomando el batallón. Felipe corre y se da cuenta de que están en todas partes. No llegará a su casa que está a unas cuadras de distancia, así que se esconde detrás de un auto, sabe que él es un trofeo de guerra si es capturado, bastante le habían dejado saber que bajo ninguna circunstancia podía dejarse atrapar.
Escucha unos hombres discutiendo y se acerca para ver si son buenos o malos. Y logra ver una cara conocida, infamemente conocida. Es el comandante del bloque 38. El mismo que lo miraba desafiante en los carteles del paradero del bus cada mañana cuando iba a la escuela. El mismo que su mamá le decía, era probable que los detuviera camino a la casa de sus abuelos. A quien debería decirle que sus padres eran comerciantes en caso de que la guerrilla los interceptara, porque bien es sabido que le preguntan todo a los niños. Él estaba ahí con su bigote pulido y su radio de onda amplia diciendo por donde había que hacerse de las defensas del batallón. Hablaba con calma y arrogancia mientras disponía de la vida de los soldados imberbes y de todo que se cruzara en su camino. La orden es simple, hay que llegar al B5 cueste lo que cueste. Una vez alcanzado el comando central, se podría relajar. Mientras tanto había que causar el mayor daño posible. Y mientras terminaba de articular la ultima frase, Felipe sintió en la piel como la helada mirada del comandante se posaba sobre él. No había dónde correr, y sabía que el comandante lo había reconocido. Sabía de su existencia porque el día en que su padre tomó la dirección general, la guerrilla le hizo llegar a su casa un folio con el acta de nacimiento de él y de su hermano, además del nombre del colegio, salón y grado que cursaba. Se convirtió en un trofeo de guerra.
Felipe se despierta con una presión en el pecho y con lagrimas sobre su mejilla. Todo fue una maldita pesadilla. La de siempre. Mientras en unas casas los fantasmas habitan debajo de la cama, en la de él, habitan en el bosque oscuro detrás de las garitas de los centinelas. Donde se rebate día a día, el conflicto armado Colombiano.