
Debieron haberlo descarnado los lobos
Recuerdo bien la noche en la que mi hermano se fue de casa. Le ayudé con su equipaje a que descendiera por la muralla sin que los guardias lo notaran. Inicié una llamarada para distraer a los centinelas. Le mentí a mis padres días enteros mientras él se adentraba en la maraña y escalaba los picos escarpados. Le doté con las mejores provisiones y algo de dinero para que dispusiera de él en los días difíciles que le esperaban.
Sabía que se iba para no regresar. Para no volver. Porque la marca de la independencia la llevaba en el pecho desde que nació.
Días enteros viví la pesadez de su ausencia. Días enteros me recordé que la magnitud de mi pena era la sombra de su triunfo. Mi dolor no era nada más que un leve tributo a la grandeza de su ser.
Dios lo había dicho. Se lo dijo a mi hermano en sus sueños. Recuerdo el brillo de su rostro esa mañana fresca. Recuerdo la alegría en sus palabras. En sus gestos. Sabía que él era un elegido y por lo tanto, yo haría todo lo que estuviera a mi alcance para que se realizara la palabra de Dios. Así lo dijo él, lo dijo mamá y también el sacerdote.
¿Pero que volviera así? ¿Encadenado como un perro? ¿Que volviera llorando?
¿Arrastrándose como un víbora del desierto? ¿No me había yo esmerado a mi corta edad para que fuera águila y pudiera sortear las tormentas?
¡No sólo había sucumbido!
Había tenido la desfachatez de traer su cara de mendigo y sus huesos expuestos a la sala de mis padres. Y estos, embriagados por la melosería paterna lo acogieron de nuevo en su seno. Cuando lo indicado era que lo dejaran a su suerte; que volviera a subir los escarpados donde debieron haberlo descarnado los lobos.
¿Cómo es eso de que dios lo había convertido en un arrastrado?
¿Qué dios le pide a los suyos que vayan lloriqueando por la vida fastidiando a otros y además de eso, llenando a sus progenitores de su asquiento fracaso cuando estos se elevaron renunciando a si mismos para enarbolarlo a él?
¿Qué dios es ese, que se atreve a equivocarse como si fuera un humano cualquiera!?
¿¡Es que acaso se trata de un dios que vive del error humano!?
Ese dios ofrece su perdón como un crédito bancario. Nunca sana la deuda porque no es conveniente para sus finanzas. El humano nunca deja de pecar porque fue concebido por el pecado mismo.