Ácrata y Banquero
Ficciones, alegorías y otras incomodidades.
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A mi me estremece que muevan las cosas.


A mi me estremece que muevan las cosas.

Dijo Almendra mientras Juan recordaba que ella era ciega. Sus padres la castigaban moviendo los muebles de las habitaciones. Usualmente le tomaba varias horas y moretones navegar por su casa mientras se acostumbraba a su nuevo universo. Asustada porque sus valores se habían extrapolado, se habían salido de sitio, sus referencias de navegación eran obsoletas y el mundo se abría ante ella como un desierto oscuro y quizá solitario.

Un día abro mi taller y encuentro con que mis herramientas se ven distintas. Onda modernas. Hay hombrecitos cayendo de ellas. Ilustres personajes de Gulliver con botas y cascos trabajando para que mis herramientas fueran más modernas. Más actuales. Más atrevidas.

Ellos huían a sus escondites extasiados de su noble misión. Yo con ternura trato de hacerles entender que me gustan mis herramientas justo como las había dejado. Que todo bien con los cuentos donde ellos ayudan al zapatero. Pero que yo prefería en lugar de eso, que nos sentáramos a charlar. Yo quería saber como era esa fortuna maravillosa de vivir tan cerca de la levedad. Tan cerca del suspiro ese de la vida. Se ofendieron mucho y me dejaron ver que sin ellos, a mí que tanto me gusta escribir, se me alteraría el mundo. Como si fuese la habitación de Almendra. Que el abecedario por ejemplo, tenía esa orden porque ellos lo reordenaban cada vez que lo dejaba por ahí desparramado. Que también ellos le hacían el mantenimiento cuando de repente dejaban de funcionar. Que yo nunca sería capaz de trazar letras si la A dejara de ser tan triangular. O si la T no tuviera dos líneas que se tocan una sola vez. Indignados me explicaban que ellos hacían mucho más que pulir mis herramientas. Ellos sostenían mi mundo, tal como yo lo conocía. Así que lo menos que podía hacer era dar las gracias y aceptar el regalo.

Estaban tan ofendidos que uno de ellos rompió una M wientras salían y desde entonces parece una W en neon blanquecinado con la que se we dificulta wucho arwar palabras. Cowo si tuviera que tropezar wucho para poder seguir, de alguna forwa escribiendo en paz.