Este es mi punto. Que cada quién haga de su ortografía lo que le parezca, sin embargo tengo que confesar que este escrito nació de muchas conversaciones con mi hermano, que fácilmente podría ser el suyo. Después de insistir y resistir con el argumento de la valía de la ortografía. Me rehúso a que individuos con ciertas prestaciones sociales sean pasivos en un mundo convulsionado como en el que nacimos. En un mundo donde saber leer es un privilegio, saber escribir debería ser el deber correspondiente. Yo no pretendo que mi hermano o el suyo sea académico. Sin embargo cumplo con informarle que está dejando de lado algo que no es para nada menor. Esto que pasa con mi hermano o el suyo, en mi opinión, pasa con una buena parte de la sociedad. Hablamos de una clase privilegiada que teniendo acceso a la educación decide dejarla de lado. Es quizá, una lucha inútil contra la desidia. Pero usted que me conoce bien sabe que soy defensor de las causas perdidas y siento que en estos actos de inmolación que rayan en la ridiculez hay un poco de luz que capaz ilumine algún camino. Con que mañana mi hermano o su hermano sepan que la acracia no tiene nada que ver con ácaros, me sentiré profundamente satisfecho.